Bordeando

Como esas agujas que al deslizarse por entre los pliegues del espacio arrastran con su cabeza un hilo intermitente de recuerdos.

O como ese borde de la banqueta que es el mundo, donde la vida se detiene mientras el sol marchita al insomne y le escupe el regocijo ajeno.

No se diga entonces que nada humano me es ajeno, porque lo humano mismo es su otro. Lo humano y su doble. Lo humano y su borde.