Los antideutsche

En verdad a veces hay cosas que parecieran imposibles, pero las hay. Resulta que ahora existe una especie de izquierda, más allá de la ya tradicional “izquierda” posmoderna, que se declara anti anti-imperialista y anti anti-sionista. O sea, una “izquierda”, que además se reclama anticapitalista y antifascista, que apoya abiertamente las políticas de los dos estados más belicistas, injerencistas, colonialistas y que violan sistemáticamente los derechos humanos dentro y fuera de sus fronteras: el estado de Israel, en la Palestina ocupada; y el estado de los USA.

Esta “izquierda”, a partir de construcciones teóricas que abrevan del marxismo postula la idea de que el anti-imperialismo y el anti-sionismo son “formas regresivas” de la izquierda… El epicentro de este movimiento es Alemania y han decidido autonombrarse como: antideutsche (antialemanes). ¿Culpa, castigo y redención? o ¿instrumento del imperialismo?

Preparo una serie de artículos al respecto. Es hora de ajustar cuentas con los engendros que apuntalan y legitiman las políticas imperialistas, racistas y fascistas de ambos estados.

Los perros, la gente y la dignidad

Marx escribió, en su famosa Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel [Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung],

Die Kritik der Religion endet mit der Lehre, daß der Mensch das höchste Wesen für den Menschen sei, also mit dem kategorischen Imperativ, alle Verhältnisse umzuwerfen, in denen der Mensch ein erniedrigtes, ein geknechtetes, ein verlassenes, ein verächtliches Wesen ist. Verhältnisse, die man nicht besser schildern kann als durch den Ausruf eines Franzosen bei einer projektierten Hundesteuer: Arme Hunde! Man will euch wie Menschen behandeln!

[Traducimos: La crítica de la religión termina con la doctrina/teoría de que el hombre sea el ser más importante para el hombre; por tanto, con el imperativo categórico de destruir todas las relaciones en las que el hombre es un ser humillado, subyugado, abandonado, despreciado. Relaciones que no pueden ser descritas de mejor manera que con la exclamación de un francés, con motivo del proyecto de impuestos sobre los perros: ¡Pobres perros, se os quiere tratar como a seres humanos! ]

Yo me pregunto de dónde surge esa obsesión, que en los últimos años se ha exacerbado, en torno a los “derechos” de las mascotas y de los perros. Me parece indignante la forma en que la gente, a falta de poder tener relaciones humanas de calidad y sobre la base de un reconocimiento intersubjetivo afirmativo, tenga que volcar su incapacidad en el tratamiento neurótico-humanizado de sus mascotas.

La indignación sobre el “maltrato” animal en general, y sobre los perros en particular, opera sobre el reconocimiento deformado y proyectivo de “dignificar” y “humanizar” aquello que no ofrece resistencias en la constitución de la imagen (ficcional) narcisista y egoísta del dueño de las mascotas. La manera de ocultar la cosificación cotidiana que despliega el dueño de la mascota sobre las demás personas se basa en la teatralización de su comportamiento hacia el animal como si de un humano se tratara. Se rasga las vestiduras por los perros “de la calle”, por el abandono de un perro, por el alarido “lastimoso” de un animal, por las jaulas llenas de animales, pero es incapaz de indignarse ante las atrocidades cotidianas en contra de sus congéneres: su elitismo y petulancia de cualquier índole, su racismo, su apatía y valemadrismo frente al dolor humano, su explotación y agandalle, su revanchismo, su machismo, su favoritismo, etc.

¿Qué lleva a una persona a encubrir su vileza en el trato neurótico hacia los animales? ¿Culpa y expiación?

Entrevista en “Silencio, se viaja”

De “Silencio, se viaja“, episodio 24.

“Ya llevaba tiempo queriendo hablar de filosofía. Cuando Iván Carrasco y yo nos cruzamos en nuestros caminos, tuve clarísimo que debía ser él el entrevistado para este tema. La filosofía exige una visión global y un cuestionamiento permanente, y la habilidad de Iván Carrasco para hilar temas es extraordinaria.

Carrasco ha centrado sus investigaciones y ponencias en el Marxismo y en figuras como Georg Lukács. Durante la entrevista destaca el trabajo de Bolívar Echeverría (uno de los filósofos que más ha influido en el pensamiento Latinoamericano actual), el lugar que ocupa la filosofía en el actual plan educativo mexicano y, en definitiva, el papel de la filosofía en la vida, como un elemento para vivir mejor… o no.”

      1. Episodio24.mp3

 

Entrevista en Radio Flora

Entrevista Radio Flora

 

      1. Entrevista Ivan Carrasco en Buena Onda 5.3.15

Para ti M…….

Con sus pequeñas y tersas manos recorría los pliegues del tiempo. Levantaba la vista cuando el viento de la fresca tarde acariciaba su rostro y, mientras respiraba el silencio del futuro, sus tiernos labios encontraban reposo en el cálido espacio que origina la palabra.

Caminaba apresuradamente, pero sus pasos tropezaban constantemente con el pasado. Intentaba entonces bordear los recuerdos que le asesinaban la sonrisa y saltaba de esperanza en esperanza.

Miraba con incertidumbre, a veces espantada, otras veces, cuando su hermoso, pequeño y tierno cuerpo se inundaba de alegría, su mirada era limpia y brillante. Hablaba con silencios o a veces con suspiros. Sus ruídos no provenían del grito o del llanto, sino del fondo de sus calladas palabras.

Yo la ví, sentada en el filo de una ola. Quise besarla. La besé. Pero la ola rompió con la arena y me quedé con el olvido de la espuma.

Encuentros indiferentes

Si como dice Sartre, la experiencia de la mirada es fundamental en la constitución del campo de la intersubjetividad, porque en dicha experiencia el Otro se presenta a la conciencia como sujeto, entonces una “simple mirada” nunca es inocente.

La mirada objetiva mi presencia y la torna relativa frente al Otro. Es porque el Otro me mira que adquiero presencia en el mundo y destaco como Sujeto sobre el reino inerte de las cosas. Me hago patente, ante mi y ante el otro, en el ser-mirado.

El Otro mira, y cuando me mira, la forma intencional de su mirada puede ser radicalmente distinta a cuando mira una cosa. No obstante, como parte de la dialéctica de la mirada, el Otro deviene horizonte de conflicto cuando pretende nihilizar mi libertad, es decir, cuando intenta cosificar mi sujetidad posible a un reducto inerte.

La mirada vuelta hacia las cosas fija un horizonte práctico-utilitario para con los objetos inertes. Éstos resultan ser objetos-medios para lo consecución de un fin que el sujeto proyecta como posibilidad a realizar. De esta manera, el sistema inerte de objetos adquiere sentido cuando es puesto sobre ellos un fin que no se encuentra en él mismo.

FIjar la mirada ante, o hacia, lo radicalmente distinto a una cosa, es decir, ante el existente humano, nos muestra el campo de lo posible. El Otro es posibilidad y escapa a la mediatización que pretendo efectuar de él. Sin embargo, bien puedo sentarlo como una cosa entre las cosas e ignorar su presencia, siempre desafiante, al apartar la mirada fingiendo su no existencia.

La mirada que ignora es una mirada cosificante, pues reniega del desafío que exige el Otro con su simple presencia. Mirarlo y desarmarlo para poder asimilarlo como una cosa requiere que el Otro no sea originariamente cosa. Ejemplo:

Camino por la calle y un vagabundo entorpece mi paso. Lo rodeo como si rodeara un saco de basura. Sin embargo, capto en un inicio que el vagabundo no es una cosa entre las cosas, aunque segundos después desarme la presencia del Otro y la reduzca a calidad de ente inerte que habita junto con las demás cosas del paisaje. Mi mirada evita, con aire de desagrado, la presencia de lo incómodo. Pues, no hay nada más incómodo que el Otro que me devuelve la siniestra imagen de mi como cosa.

El que mira cósicamente a Otro deviene cosa en tanto aniquila su caracter de posible y de compromiso con el Otro. Se deja estar como el vaso de agua sobre la mesa. En un acto sintético aniquila el proyecto de humanidad posible en aras de la pasividad inerte de la cosa. Dos cosas se encuentran habiendo renegado previamente de la sujetidad que permitía el encuentro mismo.

Dos sujetos con mala fe que, en un quid pro quo, se desentienden y devienen cosas entre las cosas. La indiferencia mata, en efecto, porque aniquila mi presencia radical como sujeto irreductible.

Ocurrencias sobre las vocales y las consonantes

Un gran y estimado amigo me hacía reparar sobre la constitución de todas las lenguas humanas a partir de la articulación entre las vocales y las consonantes.

Y es que, en efecto, obsérvese que toda vocal, a diferencia de las consonantes, consiste en espirar aire. Abrimos la boca y dejamos que el aire fluya a través de nuestra laringe para finalmente salir en forma de sonido-vocal por la boca. No se utiliza propiamente la lengua y los labios solo sirven para que el sonido adquiera mayor claridad, los dientes no se utilizan absolutamente.

Las consonantes, en cambio, implican una especie de retención o de contención acústica. Se utilizan mayoritariamente, para lograr el efecto acústico, los labios, los dientes y la lengua. La boca permanece cerrada si intentamos representar acusticamente alguna de ellas. El aire encuentra un limite en la articulación fónica de las consonantes.

Las 5 vocales que usamos en la lengua española sirven de base para anudar las restantes consonantes. Sin ellas es imposible articular palabra alguna.

Si fijamos el oído a todo tipo de canto encontraremos que son las vocales las que adquieren preeminencia. La modulación del sonido de las vocales constituye la esencia, por así decirlo, del canto mismo. En cualquier canción que escuchemos, la intensidad, el tiempo,el color, el timbre de las vocales, definirá la armonía melódica específica.

El caso quizá mas obvio y en donde resalta con mayor claridad esto último es en la ópera. Precisamente la especificidad de la ópera se juega en la posibilidad diferenciada de sostener las vocales ante límites temporales y tonalidades que son imposibles de efectuar en la fonación cotidiana del habla.

Todo esto me hace recordar, vaga y difusamente, algunas clases de estética en donde revisábamos el ensayo de Rousseau titulado, “Ensayo sobre el origen de la lengua”.

En pocas palabras, Rousseau intenta dar cuenta del origen de la lengua y su evolución hasta la época moderna. Para Rousseau el lenguaje humano encuentra su genesis en la “necesidad” de comunicar pasiones y emociones entre las personas. El lenguaje originario era un canto con sonidos nacidos de la pasión: una melodía. Éste lenguaje, al ir evolucionando a través de un “proceso de racionalización” pierde su música y “de-genera” en su uso comercial o práctico-utilitario.

Así, el lenguaje, en la época moderna, deja de ser música y se convierte en una mediación reducida a comunicar necesidades dejando de ser el soporte o el medio de expresión de las pasiones y emociones, originarias y constitutivas del lenguaje mismo.

Las vocales como música y como flujo intencional del aire. Las consonantes como límite y constricción. Las vocales y las consonantes como unidad de flujo y contención: el lenguaje.

Y tú

Y tú, que recorres calles y pasillos con la sonrisa siempre lista.
Con un paso despreocupado y las ideas centradas en un discurso ajeno ya ido.

Con miradas que, aunque fijas y difusas, son miradas perdidas.

Y tú, que inventando desde el ríspido asfalto alguna historia siempre vieja.

Que acariciando azulados horizontes no encuentras el misterio de la caricia.

Te preguntas.

¿Qué busca pues la caricia?

No se sabe, no… lo que la caricia busca.

Pues quien toca no acaricia, y quien acaricia no toca. Porque lo que busca la caricia, siempre, siempre, es lo por-venir.

Lo cotidiano

Qué es pues lo cotidiano, preguntamos.

Aquello que se repite día con día. Pero, ¿qué es aquello que se repite y de qué manera se repite?

Lo que se repite es el habitar práctico-concreto de alguien, de un hombre o de una comunidad. Ese habitar implica ante todo un entorno relacional de objetos, estados, disposiciones, personas, fines, medios, intereses; en conjunto, una trama de prácticas diferenciadas que anudan en la temporalidad reiterativa del habitar mismo.

El pasado, el presente y el futuro, conforman la experiencia de lo cotidiano como un continuum sin fisuras esenciales. El hacer o el habitar cotidianos toma al instante, que acontece siempre en el aquí y en el ahora, como parte indiferenciada del tiempo. Cada momento es vivido exactamente como el anterior, repetible e incluso esperado como futuro ya construido, cerrado en su devenir y falto de toda posibilidad radical.

Lo cotidiano se nos presenta entonces como una unidad indiferenciada de tiempo. Quien vive en el tiempo de lo cotidiano, no requiere ni exige explicación de dicho fenómeno, se le aparece como algo comprensible de suyo y se le presenta como un tiempo a-problemático. Tiempo que escapa de la duda y conquista, aparentemente, la certeza del qué-hacer rutinario.

Aquello que se repite se posiciona en el ámbito del acontecer indubitable. Parece no caber la posibilidad de ruptura o, incluso, las “rupturas” mismas se encuentran ya subsumidas a la cotidianidad. Rupturas cotidianas o rupturas rutinarias que terminan por sabotear el carácter más íntimo de la ruptura en tanto tal, de lo extra-ordinario, del plus des-estructurador del tiempo.

Lo cotidiano es así tiempo de imposibilidad, de hastío, de sopor y aburrimiento. Un círculo que se cierra sobre sí mismo y que comprende en su interior las “posibilidades” ya determinadas de una vez y para siempre.

Ocurrencias sobre “Job” de Joseph Roth o sobre lo oculto y rechazado

Job es el título de una novela del escritor austríaco Joseph Roth, de origen judio, convertido al catolicismo, bebedor empedernido, vecino de la esquizofrenia (su mujer la padecía) y habitante del delirium tremens en la última etapa de su vida.

Mendel Singer es el personaje principal de la novela que comentamos. Maestro dedicado a enseñar la bíblia a sus pequeños alumnos, devoto ferviente de su judaica religión, construye su vida y la de su familia aceptando la miseria, la enfermedad y la tragedia como designios irrebatibles de dios.

Sin embargo, pensamos que el personaje principal no es Mendel Singer, sino su hijo enfermo, Menuchim. Veamos por qué.

Menuchim es un engendro, un niño enfermo, imbécil, desvalido, aquejado de ataques epilépticos. Sus 3 hermanos sienten un profundo odio y una profunda aversión que raya en las ganas homicidas de deshacerse del pequeño. Último hijo de Mendel y de Déborah, Menuchim vive una existencia desgraciada reducida al llanto y a la enunciación de la única palabra que conoce, “mamá”.

Padre y madre, preocupados por el futuro aparentemente cierto del pequeño, niegan la posible ayuda de los médicos y deciden acudir al rabino para pedir consejo y escuchar el designio que dios prevee para el pobre desgraciado.

El rabino, después de recibir a la mujer, que con cruentas batallas libradas contra el gentío formado llega a la puerta del mismo, éste le dice,

“Menuchim, hijo de Mendel, se curará. En todo Israel no habrá muchos como él. El dolor lo hará sabio, la fealdad lo hará bondadoso, la amargura lo hará dulce y la enfermedad lo hará fuerte. Sus ojos serán grandes y profundos, y sus oídos claros y llenos de resonancias. Su boca callará, pero cuando abra los labios anunciará cosas buenas. No tengas miedo y vuelve a casa… No lo abandones porque de ti ha nacido como cualquier hijo sano” p. 33

La familia Mendel atraviesa la fragmentación, los 2 hijos son llamados al servicio militar. Prefiriendo siempre la enfermedad íntima que la enfermedad causada por los otros, se lamentan de no haber tenido hijos con alguna pequeña discapacidad para así escapar a la obligación patriótica de hacer de sus hijos carne de cañon. No obstante, Jonás desea ser militar y escapar del “infierno” que para él representa su familia al tiempo que se fuga también del ejercicio responsable de su libertad. Así, en una carta en la que se ufana de su puesto militar, dice complacido,

“Estas cosas me gustan y la vida militar también. Me quedaré incluso cuando termine mi servicio militar. Te dan de comer, las órdenes te llegan desde arriba y no se necesita pensar” p. 148

En cambio, Schemarjah, apoyado por su madre, decide desertar y fugarse a otro país para no servir al ejército. Llega a Estados Unidos y arregla todo para que su familia lo siga.

Miriam, la única hija del matrimonio, aunque viviendo en la casa de sus padres, no desaprovecha cualquier oportunidad que se le presenta para satisfacer su goce histérico acostándose con los cosacos del cuartel militar próximo a su poblado. “Tiene al diablo en en el cuerpo” repite en varias ocasiones su padre.

Déborah, la esposa, la madre sufriente, dedicada a la casa y a los problemas más íntimos que la pobreza y las situaciones familiares generan, vive en un estado perpetuo de incomodidad que soporta sin apenas quejarse.

Pero decíamos, Menuchim es el personaje principal porque será el que desestabilice la irrebatible apariencia que el destino tiene dibujado para la familia Mendel al estructurar un acontecimiento no esperado.

Despreciado, abandonado, sobreviviente de un incendio, víctima de las circunstancias de miseria y de odio explícito o velado de parte de su familia, Menuchim es portador de lo in-esperado.

De aquél de quien menos se espera, surge una “débil fuerza mesiánica” redentora.

Una vez instalados en Estados Unidos, la situación de la familia empieza a mejorar. La vida cotidiana se ve radicalmente transformada, el nuevo mundo atravesado por el smog, el metro y los teatros configuran una forma diferente de habitar el tiempo. Sin embargo, el viejo y cíclico hábito de rezar que Mendel Singer tiene, no cambia.

Tan piadoso, temeroso e impoluto creyente, día con día agradece los amaneceres y las noches. Pero, estalla la guerra y el viaje preparado para ir en búsqueda de Menuchim se desvanece y acarrea la tragedia familiar.

Sam o Schemarjah se incorpora a las filas del ejercito americano y como es de suponer, muere en combate. Jonás, el fiel soldado, ha “desaparecido”. La suerte de Menuchim no parece tampoco nada prometedora entre los desolados paisajes bélicos.

Déborah fallece al instante de enterarse de la muerte de Schemarjah. Miriam no tardará un par de días o semanas en enfermar y ser internada en un psiquiátrico.

Mendel, sólo y con un fuerte sentimiento de haber sido traicionado por dios, reniega mil veces de él y en un arrebato de “venganza” intenta quemar su casa y con ella a dios y a su dispositivo comunicante entre él y Él. No lo logra. Sus rezos dejan de existir y su piedad deviene hastío.

El tiempo se transforma nuevamente adquiriendo un contenido mortecino. Tiempo que no oculta la tragedia invivible de Mendel y que estructura sus dias y sus noches deseando nada más que la muerte y regresar a su “patria” para allí ser enterrado. Sin esperanzas y con la fatiga de existir, habrá de vivir un momento de “redención” no contemplado.

Sin saberlo, Mendel genera, después de un largo tiempo, la única ilusión de regresar a Europa, a raíz de haber escuchado por casualidad “La canción de Menuchim”. Es aquí, en la tienda de su amigo, que ahora es su casa, donde aparece por primera vez el fino hilo inesperado del tiempo mesiánico en forma de canción.

Menuchim se nos aparece como un personaje ausente que habita espacios no visibles, incómodo por ser un fardo que pesa sobre toda su familia, genera sentimientos ambivalentes de amor y odio. Oculto durante gran parte del relato, desde el velo impuesto por los Otros y sacrificado por el “bien” de la familia Singer, el desgraciado y rechazado irrumpe haciendo saltar el tiempo trágico de la narración.

Lo soterrado busca y encuentra. Anuncia su llegada sin que nadie se de cuenta.

Esperando simbólicamente el arribo del profeta en la primer cena de Pascua, quien llega realmente es Menuchim. El paso de lo simbólico esperado al ámbito real de la llegada del “milagro”, nos muestra la compleja dialéctica entre esperanza y realidad.

Los años tortuosos de Mendel se ven redimidos por la llegada de su hijo. Logra así reconciliar el tiempo profano con el tiempo sagrado de la “redención” que ha traído Menuchim.

Menuchim atenúa el azoro de su padre y abre un pequeño horizonte de posibilidad no trágico. Desde una posición que se eleva por encima de su comunidad, músico prolífico, hombre con riquezas, porta la esperanza del encuentro posible con su hermano y la cura de su hermana.

Mendel, por escasas 24 horas, vive con más fuerza el ámbito sagrado de la experiencia humana que las décadas de penuria, miseria, rezos, alabanzas y desgracia constantes.

Ese otro tiempo, breve, instantáneo, festivo y sagrado, conduce a la muerte vivida o a la vida que muere, que resurge y que abre caminos posibles. Lo oculto y lo rechazado como metáfora de la nada siempre posible.

Un situacionista interpela a Lacan

Recuerden ustedes aquel movimiento nacido en la década de los 60 que llevó por nombre “Situacionismo”, al cual pertenecieron dos de los más grandes ensayistas críticos de Europa: Guy Debord y Raoul Vaneigem.

Si bien el situacionismo establece relación con diferentes discursos y los re-configura a partir de una propuesta emancipatoria, los principales referentes son el pensamiento de Marx y la “escuela” occidental del marxismo crítico (Lukács y el consejismo), y algunas vanguardias estéticas del siglo XX (como el letrismo y el dadaismo o el surrealismo).

La propuesta situacionista sostiene la posibilidad de crear momentos espacio-temporales-psíquicos donde el acontecimiento se construya a contrapelo de la experiencia cotidiana, alienante y cosificada. Es decir, la construcción de situaciones pasa por irrumpir el continuum enajenante de la sociedad moderna (formada por una cultura parcelada, opresiva y escindida) creando un momento unitario, deseado y decidido colectiva y libremente, en donde la subjetividad se constituye como soberana. Momento de irrupción, de fiesta poética, de posibilidad simbólica vivida estéticamente, no ya como re-presentación sino como puesta en escena, como presentación de la subjetividad revolucionaria misma. Arte y revolución anudadas en la subjetividad creadora de situaciones. Autogestión colectiva de la vida.

De ahí que Vaneigem hiciera un poema de una consigna en su libro “De la huelga salvaje a la autogestión generalizada

“La autogestión generalizada es el camino más breve hacia la abundancia. En ella, el trabajo tiende a cero, la creatividad a infinito.”

Dentro del proyecto situacionista de hacer una crítica unitaria y total de la sociedad burguesa contemporánea se encuentra también el objetivo de crear un urbanismo crítico. Es decir, la construcción revolucionaria de la sociedad comunista exige la transformación radical de las ciudades tal y como éstas existen. ¿Por qué? Porque el dominio de la mercancía ha estructurado el trazo urbano y los edificios a imagen y semejanza de las necesidades que el capital tiene de producirse, moverse y consumirse en las urbes. De ésta manera, la cosa-capital o la cosa-mercancía adquiere preeminencia frente a las necesidades de la colectividad o de la subjetividad.

Así, por ejemplo, los situacionistas planteaban la construcción de casas que respondieran a los estados de ánimo de las personas. Que la luz, el color, las sombras, la disposición de los elementos estéticos, cambiara dependiendo de la “necesidad” subjetiva en cada caso.

De ahí también, que actos como la “deriva” o la “psicogeografía” adquieran, para los situacionistas, un potencial crítico y subversivo en la construcción de situaciones y en la construcción de una sociedad autogestiva y comunista.

Interpelando a Lacan

“Uno de nuestros blancos serían estos momentos donde sujetos como usted, en el fondo, vienen a traerle a todas estas personas la justificación de su miseria cotidiana”

“Si la gente que está aquí se reúne por voluntad propia y auténticamente quiere comunicarse se dará con otra base y con otra perspectiva”

Enlace al Archivo Situacionista Hispano: http://www.sindominio.net/ash/ash.htm

De las posibilidades de escribir

Cioran escribió,

“No se escribe porque se tenga algo que decir, sino porque se tienen ganas de decir algo”

Tener algo que decir no es lo mismo que tener ganas de decir algo, por lo menos es lo que Cioran parece señalar.

Pero, ¿qué podría ser eso de “tener algo que decir”?

Solemos decir a veces, “Tengo que decirte algo”. El tengo, aquí, parece adquirir un sentido de necesidad o de premura. Existe algo comunicable, es decir, un mensaje, un contenido, que exige ser dicho. No obstante, ¿de dónde proviene dicha exigencia o necesidad?

Si respondemos diciendo que proviene del sujeto que necesita decir algo, entonces fundamentamos la necesidad del decir no en el contenido mismo del decir, sino en el articulador que presta voz al mensaje que exige ser dicho.

Si sostenemos, en cambio, que proviene del contenido del mensaje mismo, entonces, el sujeto que articula el decir no es más que simple instrumento que posibilita el dis-curso del mensaje. En este caso, lo importante no es el lugar del decir (sujeto), sino el qué del mismo.

Por otra parte, “tener ganas de decir algo” nos ubica en el plano del deseo. Esto es, nos posiciona en el ámbito del sujeto. Sujeto que, en tanto tal, es deseante por ser carenciado.

Si deseamos es precisamente porque nos constituye una falta que pretendemos colmar. Deseamos aquello que no tenemos y que nunca tendremos, porque de ser así, dejaríamos de ser sujetos finitos y deseantes, y seríamos dioses in-deseantes, plenos, colmados, sin tensión de posibilidad, cerrados sobre sí mismos y sin posibilidad de devenir. Pues, el deseo, al no tener un objeto definido que lo sacie o agote, abre el campo de la incesante posibilidad infinita.

Así pues, desear escribir, desear decir algo, o simplemente desear, nos ubica en la dimensión de lo posible y no de lo necesario. De ahí que el mero acto de escribir sea, quizá, un exceso sin finalidad alguna; siempre y cuando hablemos del “tener ganas de decir algo” y no del “tener algo que decir”.